¿Estáis estresados?
La ansiedad es una sensación muy desagradable de malestar psicológico, a menudo acompañada por modificaciones somáticas. Tiene su origen en eventos o situaciones vividas como una amenaza, pero que a menudo no son tales objetivamente. A nivel psicológico, la ansiedad se manifiesta bajo forma de nerviosismo, inquietud, dificultad de prestar atención y de concentrarse, pesimismo, desconfianza en las propias capacidades.
Desde el punto de vista físico, los cambios pueden ser multíplices: interesan, sobre todo, el aparato gastro-intestinal, cardio-circulatorio y respiratorio.
¿A quién no le "faltado el aire", en alguna ocasión, o se le ha subido el "corazón a la garganta? Una situación excesivamente angustiosa determina, además, cambios en la secreción de saliva, de la temperatura corpórea, y de la tensión muscular, así como trastornos del sueño y en la esfera sexual.
Así, puede parecer que el ansia sea una condición necesariamente patológica. En realidad, las cosas no van precisamente en estos términos. ¿Qué se quiere decir?.
Que el ansia no se debe entender como un estado siempre negativo: es correcto pensar que un cierto nivel de ansia no tenga efectos nocivos, sino active comportamientos positivos de adaptación al ambiente, o sea permite, una mejor utilización del potencial psicofísico, que cada uno de nosotros posee.
La gran difusión del problema "ansia" ha interesado en los últimos decenios el debate científico. El ansia resultaría la expresión de un fenómeno 0 que reconoce, en su base, varios componentes: individuales, familiares, genéticos, sucesos de la vida. A este punto, el argumento resulta ser especialmente complejo y de relieve en la vida cotidiana.
Del ansia al estrés
Hemos definido el ansia como una situación desagradable de malestar psicológico, frecuentemente acompañada de modificaciones somáticas. Se ha precisado igualmente que el fenómeno ansia, especialmente complejo, trae su origen de eventos o situaciones vividas subjetivamente como peligrosas. Probemos ahora a marcar algunos aspectos. Uno primero, fundamental.
El ansia comporta siempre un cierto grado de activación: tal situación ha sido definida, durante años y en diversos contextos teóricos, en modos diferentes. Se oye hablar de activación, de grado de excitación, de "arousal".
Todos términos que quieren indicar una medida del nivel de respuesta tanto física como psíquica a un evento externo o interno al individuo, no necesariamente objetivo. Probemos con un ejemplo:
todo el mundo tiene bien presente, al menos en los recuerdos, la situación de ansia probada en la espera de un examen en el colegio o de un coloquio de trabajo.
Tales condiciones, mantenidas a cierto nivel, no sólo no perjudica el comportamiento en la prueba, sino que mejora el rendimiento, en cuanto activadora de las reservas individuales.
Pero, si el ansia supera ciertos niveles, el comportamiento podrá resultar comprometido e incluso se derivarán de ello daños a nivel psicofísico.
Otro ejemplo, también éste bagaje de la experiencia de muchos de nosotros. Os puede haber ocurrido que un banal malestar haya desencadenado fantasías, o miedos de enfermedades.
Poco exámenes clínicos o una simple visita os han tranquilizado.
Pero antes?
Cuanta ansia, por no hablar de estrés, término inglés, actualmente usado y abusado en el vocabulario. En breve, se le puede comprender como un desequilibrio entre lo requerido por el ambiente, las esperanzas tanto prácticas como afectivas y la percepción personal de la incapacidad a hacerle frente.
Sobre este último concepto vale la pena de detenerse: los "stressor" (eventos estresantes) no necesariamente u objetivamente son causa de ansia y su percepción subjetiva es la que cuenta. Resulta demasiado claro, entonces, como sea importante poner en acto estrategias correctas para hacerle frente.
El ansia se distingue en:
· ansia de estado (condición transitoria del organismo, caracterizada por sentimientos negativos de aprensión. Se manifiesta en momentos o situaciones especiales, percibidas como una amenaza);
· ansia de trato (característica relativamente estable y duradera de la personalidad. Es la tendencia a valorar determinadas situaciones como amenazantes y a reaccionar en consecuencia).
El estrés es una condición derivada de un desequilibrio entre las solicitaciones ambientales y la capacidad de respuesta. En otras palabras, el sentido de inadaptación , a veces subjetivo, a hacer frente a tales solicitudes determina un aumento del nivel de ansia.










