Perfumes como terapia
El olfato es el sentido responsable de la percepción de la más amplia gama de sensaciones: de la comida al sexo, percibir olores hace todo más placentero… El gusto por sí solo, en realidad, no es suficiente para saborear y definir cada sensación, porque la lengua percibe sólo cuatro sabores – dulce, amargo, agrio y salado, sin llegar a identificar los múltiples matices. Además, los centros del olfato residen en la parte del cerebro en donde está situada la memoria, y esto nos permite recordar ciertos olores con más facilidad que las imágenes y los sonidos correlativos a los recuerdos.
El poder terapéutico de la aromaterapia procede esencialmente de esta unión especial que existe entre el olfato, la emoción y la memoria: los perfumes de los que esta toma las propiedades – los llamados aceites esenciales – actúan sobre los centros nerviosos del cerebro, comunicando con el cerebro, en particular con el sistema límbico, o lo que es lo mismo, el centro emocional que controla el apetito, los impulsos sexuales y las reacciones ante el estrés. Todo ello sin implicar la parte racional del cerebro.
Son cerca de trescientos los tipos de aceites usados por los aromaterapistas: sustancias perfumadas extraídas de hojas, gemas y flores de vegetales, utilizadas para la prevención y la cura de las enfermedades.
Los aceites esenciales actúan sobre tres dimensiones del ser humano: sobre la mental, efectuando una acción calmante y tonificante sobre el sistema nervioso; sobre la física – desempeñando acciones antisépticas y bactericidas; sobre la energética, interactuando con el campo magnético humano proyectándole energía.
La medicina natural de la aromaterapia puede utilizarse par combatir el estrés y la ansiedad, el insomnio y la depresión, a parte de su uso en casos trastornos circulatorios, respiratorios o problemas de piel.
Las propiedades terapéuticas de las esencias son múltiples: antisépticas – esencia de tomillo y de camomila o de limón; cicatrizantes- lavanda, salvia, romero- antineurálgicas y antirreumáticas; tonificantes; estimulantes.
Por ejemplo, contra el estrés es muy eficaz la esencia de romero, especialmente si se usa en los difusores para el ambiente; contra el insomnio mezclad camomila, lavanda y ylang ylang y usadlos para masaje o en un baño caliente; contra la depresión salvia y rosa son perfectas.
Los aceites esenciales de cualquier manera, no deben nunca aplicarse directamente, porque pueden causar irritaciones y quemaduras: se diluyen en aceites vegetales como los de joyoba o de almendra dulce. La elección de la esencia a usar, depende de los propios gustos personales, y su utilización puede ir de la suministración vía oral o pulmonar, a la cutánea, pasando por los masajes o los baños de agua caliente aromatizada.
Febreo 2002










