Las aguas


 

Las oligominerales
Las minerales

Cuales elegir

Minerales o de acueducto

Etiqueta


Las aguas minerales pueden ser más o menos ricas de sales y es conveniente conocer todas sus propiedades para escoger las más idóneas para nuestras exigencias fisiológicas.
Ya desde la antigüedad, las aguas minerales venían aconsejadas, además que para el bienestar físico, también para la curación de determinadas enfermedades: es sabido, por ejemplo, que las aguas ricas de sodio son indicadas para la obesidad, para la diabetes y para la hinchazón del hígado, pero son contra indicadas en las diversas formas de molestias renales y para el que tiene la presión alta. En cambio, las aguas bicarbonato-alcalino-ferrosas, que se aconsejan para reducir el colesterol hemático, estimulando incluso la funcionalidad hepática, son contra indicadas en presencia de infecciones biliares, de hipertensión grave con insuficiencia renal y cuando se tienen cálculos.


Las oligominerales

Entre las aguas minerales que no tienen especiales contra- indicaciones, las oligominerales son sin duda las más idóneas para nuestra alimentación. Estas tienen la valía de una rápida absorción gástrica, depurando las vías urinarias y hepáticas y favoreciendo la eliminación del ácido úrico. En efecto, están aconsejadas para curar la litiasis y para todas las patologías renales. Además de desenvolver todas estas funciones curativas, no olvidemos que el agua desarrolla ante todo una función fundamental para el organismo humano, o sea, mantiene el así llamado equilibrio hídrico, esencial para sobrevivir y para la salud.
Frecuentemente en las dietas se tiende a disminuir los líquidos: en cambio es muy importante no alterar tal equilibrio, porque una pérdida de agua comportaría el nacimiento de un síndrome de deshidratación con efectos lesivos a nivel celular. En efecto, es suficiente la pérdida de dos litros de agua para que se manifiesten las primeras molestias; si la pérdida es de cuatro litros se verifica, en cambio, un deterioro de la funcionalidad de ciertos órganos; si el organismo pierde más de ocho litros existe incluso el peligro de morir.
Visto, por tanto, que el organismo necesita de mucho agua para mantener su delicado equilibrio, no queda nada más que beber frecuentemente, sobre todo durante el verano y después de haber efectuado ejercicios físicos, pero atención a la elección de las aguas minerales.

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Los minerales

Pureza, calidad y ausencia de sustancias tóxicas son los principales factores que han llevado a la difusión del consumo de aguas minerales. La prensa ha hecho familiares nombres como cromo, cloroformo, trielina, y atrazina, todas sustancias encontradas por desgracia en aguas destinadas al consumo humano. Su origen es muy diverso y difícilmente controlable, proviniendo tanto de las múltiples actividades industriales que de las agrícolas.
Es un hecho, en cualquier caso, que estas sustancias, una vez dispersadas en el ambiente, penetran fácilmente en el suelo y alcanzan las faldas acuíferas, contaminándolas.
Otro motivo por el que la mayoría de la gente prefiere la contenida en botella al agua del grifo es el mal sabor que le confiere el proceso de potabilización con cloro y derivados. La cloración implica, además, la formación de nuevos compuestos químicos como por ejemplo los "tríalometanos" (THM), sustancias consideradas por la International Agency for Research on Cancer, de Lyon , en Francia, potencialmente cancerigenas para el hombre.

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Cuales elegir

Es necesario saber escoger la etiqueta más útil a las propias exigencias, valorando las características del producto en relación a nuestras específicas exigencias. Por que así las aguas embotelladas  pueden convertirse en verdaderos y propios integradores alimenticios.

Aguas bicarbonatadas (más de 600 mg/l de bicarbonato)
Bebidas durante las comidas favorecen la digestión, mientras que si se toman en ayunas taponan la acidez gástrica. Están indicadas en los casos de insuficiencia hepática, porque fluidifican la bilis y favorecen el vaciado de las vías biliares. Es mejor beberlas lejos de las comidas, excepción hecha para las bicarbonatadas-cálcicas (con más de 100 mg. de calcio por litro). Preciosas para el que practica algún deporte (ayudan a neutralizar el ácido láctico en los músculos) ayudan a prevenir la osteoporosis del contenido de bicarbonato, que supera los 600 mg. por litro. 

Aguas cloruradas (más de 200 mg/l de cloruro)
Para equilibrar la actividad del intestino, de las vías biliares y del hígado. Cuando el hígado está cansado provoca dificultades digestivas, soñolencia, mal aliento, boca pegajosa al despertarse y sensación de cansancio constante. Pero atención, tratándose de aguas saladas (cloruro-sódico) hay que tratar de evitarlas, un verdadero y propio tabú para quien sufre de molestias renales. Del contenido de cloruro, que supera los 200 mg. por litro.

Aguas ferruginosas (más de 1 mg/l de hierro bivalente)
Para prevenir y combatir la anemia causada por la falta de hierro. Durante la gravidez o la lactancia y cuando se vive en un ambiente contaminado (el plomo presente en el aire se une al hierro haciéndolo inutilizable por el organismo humano). Están contraindicadas en cambio para el que sufre de gastro-duodenitis por el hecho que contienen más de 1 mg. de hierro por litro.

Aguas fluoradas (más de 1 mg/l de fluoruros)
Sirven sobre todo para prevenir las caries. Cuando la dieta es pobre de flúor
(o sea de alimentos como los mariscos, el pescado o el té). Por el hecho de que contienen más de 1 mg. de flúor por litro.

Aguas magnésicas (más de 50 mg/l de magnesio)
Tienen un efecto purgativo y son útiles en la prevención de la arteriosclerosis porque dilatan las arterias. Previenen las enfermedades cardiovasculares. Son útiles , también, cuando se abusa con el "fast-food" o en caso de consumo habitual o excesivo de alimentos preparados, pre-cocidos o en lata, ya que el consumo de estos alimentos puede causar carencia de magnesio.
De un contenido mínimo de 50 mg. de magnesio por litro.

Aguas sódicas (más de 200 mg/l de sodio)
Para reintegrar la pérdida de sodio que ocurre cuando se suda abundantemente. Durante los entrenamientos más pesados y prolongados, sobre todo al abierto y si hace calor. Sin embargo, deben usarse con cautela porque nuestra alimentación ya es rica de sodio (12.000 mg. al día, contra los 5.000 indicados como límite por la Organización Mundial de la Salud), son absolutamente prohibidas para el que sufre de hipertensión, celulitis o edemas.  Por el contenido de sodio, que supera los 200 mg. por litro.

Aguas sulfatadas (más de 200 mg/l de sulfatos)
Para mejorar la actividad del intestino y depurarlo (tienen un poder levemente laxativo). Cuando el intestino es perezoso y en los casos de colitis espástica. Es mejor beberlas por la mañana, en ayunas, a pequeños sorbos. No son indicadas en la fase de crecimiento (ni para las mujeres embarazadas) porque interfieren con la absorción de calcio. Desaconsejadas si están prohibidos los purgantes salinos. Por el hecho de que contienen más de 200 mg/l de sulfatos.

 Tipo de agua  Sales Minerales
 Saladas

 Cloruro sódicas
 Saladas sulfato alcalinas
 Sulfato alcalinas terrosas
 Saladas bromo yódicas
 Saladas yódico sulfato alcalinas
 Saladas yódico alcalinas terrosas

 Sulfurosas

 Sulfúreas
 Sulfúreo saladas
 Sulfúreo saladas bromo yódicas
 Sulfúreo saladas sulfato alcalinas
 Sulfúreo sulfato alcalinas

 Arsenicales ferruginosas  Arsenicales
 Arsenicales ferruginosas
 Ferruginosas
 Bicarbonatadas  Bicarbonato alcalinas
 Bicarbonato alcalinas bromo yódicas
 Bicarbonato alcalinas terrosas
 Bicarbonato sulfato alcalinas
 Bicarbonato sulfato alcalinas terrosas
 Sulfatadas  Sulfato alcalinas      
 Sulfato alcalina terrosas
 Carbónicas  más de 300 cc/l de anhídrido carbónica

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¿Agua mineral o corriente?

A diferencia de las aguas potables, las aguas minerales nacen de manantiales seleccionados y son destinadas al embotellamiento en el mismo lugar previa la autorización del Ministerio de Sanidad.
La ley impone que el agua destinada al embotellamiento sea analizada cada cinco años, reportando los resultados en la etiqueta de la botella. Por otra parte no existe una normativa que establezca las características de calidad de las aguas minerales destinadas al consumo humano, como sucede para las aguas de grifo y es desconcertante encontrarse en el comercio con aguas minerales que superan algunos parámetros de calidad, que no serían permitidos en cambio para las normales aguas del grifo. Por ejemplo, el flúor, presente en algunas aguas minerales, es un elemento específico para prevenir las

La etiqueta

Es en la etiqueta que se encuentra la información sobre el contenido en minerales: el "residuo fijo" es la cantidad de sales presentes en un litro de agua.

Si el residuo fijo queda por debajo de los 50 mg/l, estamos de frente a las así llamadas "Aguas poco mineralizadas", particularmente idóneas para los vegetarianos y todas aquellas personas que sostienen una dieta rica de minerales, contenidos naturalmente en las hortalizas frescas, en la fruta y en los cereales integrales.

Si en cambio el residuo fijo va de 50 a 500 mg/l, se trata de una agua oligomineral (del griego "oligos"= pocos):  un producto aconsejable para todos porque es ligero, diurético (va rápidamente absorbido y eliminado por los riñones) es rico de iones producidos (por las energías radiantes absorbidas durante el recorrido en rocas profundas).

Más de 500 mg/l, se entra en cambio en el campo de las "medio-minerales" ; o sea, aguas que gracias a la presencia de una buena cantidad de bicarbonato, tienen una marcada acción digestiva, que favorece el buen funcionamiento del aparato.

Por último se pasa a las verdaderas aguas minerales: reconocibles por un residuo fijo que supera los 1550 mh/l,  son muy ricas de sales que, debiendo ser eliminadas en parte, pueden provocar cansancio a los riñones. Por tanto deben ser consumidas con atención.

Una vez aclarado con que tipo de agua tratamos, leyendo la etiqueta pasamos a la sesión "sustancias disueltas",  aquí descubrimos los valores específicos de los minerales y, por tanto las características dietéticas del producto. Los términos a tener en cuenta son sobre todo el sodio, el calcio, el flúor y los nitratos.

El sodio, en efecto, no debe pasar de los 20 mh/l,  si tenemos problemas de hipertensión o si estamos siguiendo una dieta hipo-sódica o contra la celulitis.

El calcio está muy bien, más de los 100 mg/l,  sobre todo en fase de crecimiento óseo, durante la gravidez, si practicamos deporte o si hemos superado los cincuenta años.

El flúor es mejor que se mantenga entorno a valores bajos, a menos que no se quiera utilizar el agua como integrador de flúor en la dieta contra las caries de los niños hasta 3 años.

En cuanto a los nitratos, cuantos menos mejor es. Una vez ingeridos, en efecto, estas sustancias pueden combinarse con otras presentes en el organismo (aportadas por los alimentos y fármacos), formando compuestos de acción mutante  y cancerosa: las famosas nitrosaminas.

Procedencia

El nombre comercial de una agua en botella es generalmente el del manantial de donde brota.
Para evitar los problemas de contaminación (existentes para las aguas minerales tanto o más que para las aguas del grifo), controlar que la fuente esté situada en lugar de montaña, donde los riesgos de contaminación son menores.
Pero no mirar demasiado en alto: los manantiales de altas cuotas, en efecto, son pobres de sales.

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