ALIMENTACIÓN -> EN PRIMAVERA

La mesa de primavera


Difícil señalar un límite entre invierno y primavera, entre nevadas inesperadas e imprevistos cambios de temperatura. El inicio de esta estación intermedia señala, en cada caso, el renacimiento del mundo animal y vegetal, que se despiertan ambos del letargo del largo invierno.

Es el periodo en el que florecen las plantas y llegan a nuestra mesa verduras y frutas nuevas respecto al invierno: además, nuestra alimentación comienza a distanciarse de la típica de los meses fríos, se aligera de grasas y se enriquece con fibras frescas. Estas ultimas son siempre fundamentales en nuestra alimentación: nos obligan a una masticación correcta, dándonos sentido de saciedad, retardando la absorción de las comidas y por eso son útiles en la prevención y en la terapia de la obesidad y de la diabetes, además de ser las mejores reguladoras naturales de la funcionalidad intestinal.

Ricas en fibras son las alcachofas, que se prestan a innumerables preparaciones: se pueden tomar crudas, en vinagreta o cortadas a lonchitas en ensalada con aceite, pepino y limón; o si no, hervidas o al horno, o como condimento de arroz y pastas.

Validos también los espárragos, uno de los más gustosos y refinados productos del huerto de primavera; existen diversas versiones: verdes, blancos, violetas y selváticos. La versión más fina es aquella menos costosa y es perfecta como ingrediente del arroz, tortilla y pudin. Lo importante es escogerlos bien frescos y para acertar basta controlar que las escamas de la punta estén bien cerradas y que el tallo se doble elásticamente pero no se rompa. Una vez hervidos, los espárragos son óptimos condimentados con aceite y limón, o con una salsa ligera; o si no, bien calientes, con mantequilla derretida y parmesano. Además, los espárragos se combinan perfectamente con los huevos.

Con la primavera llegan sobre nuestra mesa las fresas, históricamente muy apreciadas por los antiguos romanos. Ricas en vitamina C –más de 50 mg por 100 gr.- y en vitaminas A, B1, B2, y PP, conteniendo también calcio y hierro. El fruto goza de propiedades diuréticas y anti-urea y es eficaz contra las enfermedades reumáticas y contra todas las inflamaciones de la mucosa; además, ejerce una acción benéfica sobre el hígado y sobre la circulación de la sangre.

Las cerezas, cuyo nombre está ligado con la conquista por los romanos de la ciudad de Kerasutne, sobre el Mar Negro. Un fruto muy apreciado y también dietético: cien gramos de cerezas corresponden a cinco tostadas, en cuanto a calorías. Bueno también el porcentaje de sales minerales, sobre todo potasio, calcio, hierro y vitaminas A y C.

Mayo 2002

La alcachofa
La fibra justa



 



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