NUESTRO CUERPO -> CURARSE
Fractura de estrés
El esqueleto es el elemento portante de todo nuestro cuerpo, a él le compite el esfuerzo de sostener y soportar las solicitudes mecánicas de nuestra actividad física. Si esta actividad es demasiado intensa no debe sorprendernos que también nuestros huesos puedan resentirse. Para todos es intuitivo que una fuerza intensa aplicada de manera rápida y violenta puede provocar la fractura del hueso. Es cuanto sucede cuando se fractura una pierna o un maléolo con una fea caída de esquí o una gran distorsión de tobillo en una carrera veloz.
Sin embargo, no todos piensan que el hueso está sometido en cada momento del día a millones y millones de peticiones mecánicas potencialmente traumáticas, o, mejor micro-traumáticas. Cuando estas solicitaciones son exageradas y especialmente cuando se suceden con un ritmo de alta frecuencia (como sucede en las actuaciones repetitivas) y a baja intensidad (o sea no muy violentas) las partes del esqueleto más solicitadas pueden ir al encuentro de algunas lesiones con las características de micro-fracturas.
Se habla en este caso de fracturas de estrés, definidas también fracturas de fatiga o fracturas de duración, que en la gran mayoría de los casos afectan a la tibia y los huesos de los pies y raramente al peroné, el fémur y la pelvis. Estas no se reconocen fácilmente con las radiografías normales, precisamente porque son de pequeñas proporciones. Su identificación necesita exámenes instrumentales complejos como la gamagrafía o el TAC.
Para encontrarlas es necesario incluso imaginar que existan y no es siempre inmediata la asociación de los primeros síntomas de la fractura de stress con la posibilidad de que se esté desarrollando precisamente esta condición. Los síntomas de la fractura de estrés, en efecto, son intensos, sordos pero también engañosos porque asemejan a aquellas otras condiciones inflamatorias comunes en quien practica deporte de manera intensa. El dolor, generalmente en la pierna, inicia durante la actividad física y desaparece con el reposo. A medida que la situación se agrava el dolor emplea siempre más tiempo en desaparecer, llegando a durar incluso muchas horas. La palpación y percusión de la parte dolorida acentúa el síntoma.
Si las averiguaciones instrumentales confirman la sospecha de la presencia de la fractura de estrés, el tratamiento está representado por el descanso de una duración variable según la parte afectada por la fractura.
Entre las terapias, la única que parece tener un cierto efecto en el acelerar la reparación de las micro-fracturas parece ser la electromagneto terapia, a condición de seguir ciclos prolongados tanto por el número como por la duración de las aplicaciones.










