La experiencia milenaria de la acupuntura y la energía positiva de los colores unidos en una única terapia dulce que acaricia y regenera cuerpo y psique. La cromopuntura, que estimula con franjas de luz coloreada las zonas del cuerpo ya localizadas por la acupuntura, es una técnica nada agresiva que pretende ejercer un reequilibrio energético general, con efectos a nivel somático y psicológico.
Bienestar general, vitalidad, relajación, concentración, paz: estas son las promesas de la terapia que, en lugar de las agujas, utiliza franjas de luz coloreada de alta resolución que penetran en distintos puntos de la piel. Una acupuntura suave, que por su inocuidad puede ser utilizada también en niños, y que, como todas las técnicas holísticas, no tiene como objetivo el de curar los síntomas de desequilibrios físicos y psicológicos, sino más bien intenta reequilibrar la molestia que produce el síntoma, partiendo de la consideración del ser humano en su totalidad y conjunto.
Según la acupuntura china, la piel es la puerta de acceso para llegar al interior del individuo: la cromopuntura parte de esta tesis utilizando la aplicación de la luz sobre la piel, siguiendo los meridianos individuales del agopuntura, y utilizando una lámpara con forma de bolígrafo sobre la que se aplican varillas de cristal con la punta piramidal de distintos colores. Sin duda, afirman los expertos, falta todavía una documentación suficiente para afirmar que este método pueda avanzar todavía de forma eficaz.
Irrebatibles, son cualquier manera, los efectos beneficiosos sobre la armonía del cuerpo y de la mente, debido a la estimulación de la piel, medio y puerta de acceso utilizado en todas las culturas desde la antigüedad para el tratamiento de la mayor parte de las enfermedades.
Febrero 2002
Foto: Roberto Contini