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Embarazo y lactancia
Durante el embarazo es una buena norma lavar diariamente los senos con agua y jabón, extender una crema hidratante sobre el pezón y, sin duda alguna, usar un buen sujetador que de la sujeción necesaria.
Para resolver el problema de los pezones hacia adentro, que hacen difícil la lactancia, se pueden introducir en el sujetador, durante los últimos meses de embarazo, los llamados “breast shells”, dos pequeños discos de plástico que se ponen durante un par de horas al día, al principio y después durante todo el día y que se quitan por la noche.
La lactancia conlleva un grande trauma para los pechos: la acción de la lengua y de las encías del niño provocan entumecimiento y dolor. Para aliviarlos y evitar los cortes en el pezón, es aconsejable extender una crema emoliente o una loción para bebés; de cualquier forma, si se presiona con firmeza la barbilla del bebé cuando termina su toma o si se le cierra ligeramente la nariz, se consigue que este abra la boca y deje el pezón delicadamente, sin tirar de este.
Ni el embarazo ni la lactancia son los responsables de los cambios de forma de los senos, que sí pueden deberse a una sujeción inadecuada durante y después del embarazo.
Mayo 2002
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